viernes, 20 de abril de 2018

Infinito infinito



Qué complicado todo... me dice.

La casa está llena de espíritus, me dice.

Hay caminos que es mejor no recorrer.

Siempre hay lugares mejores.

Otras vidas mejores.

A veces me gustaría soltar amarras y perderme, pero luego pienso en que no soy más que un esclavo, y pienso que, en el fondo, todos somos un poco la última esperanza desaprovechada.

Y bueno, nos entretienen cosas, cosas que hacemos y otras nos gustaría hacer, que soñamos hacer algún día.

Y así se pasa la vida.

Parece que se ha quedado buena tarde.

lunes, 16 de abril de 2018

La última vez que te vi sólo fuiste el reflejo azul en los cristales de una ventana de marco verde.



Listas que no van a ninguna parte. Proyectos que se quedan en proyectos. Vidas que se quedan en casi nada o en nada de nada.

Oráculos hechos de tiza

Canciones que son como un suspiro.

Y flores. Esta primavera va a explotar con metralla de flores.

La maravillosa vida breve


Supongo que ya he escrito esto. Al fin y al cabo escribir es repetir. Siempre he creído que en la vida de las personas hay un par de momentos en los que se le cambia el destino. Uno no se da cuenta hasta años más tarde, pero en el fondo, esos momentos son los que definen nuestro paso por la vida de una forma u otra. Uno nace con un un carácter pero vive enfundado en un personaje que tiene una personalidad creada por la adpatación al medio de ese carácter.

Pero el medio a veces es demasiado fuerte y nos olvidamos de ser quienes somos.

Imagino que estoy simplificando, y ¿qué voy a hacer si esto es sólo un blog en la periferia de una galaxia de información?, pues eso: un puñado de palabras, una mano blandiendo ideas que ni siquiera son del todo mías, porque en el fondo nada de lo aprendido es del todo nuestro. Opiniones sonbre cosas que ocurren y que justifica nuestro ir pasando días, hojas en el calendario (que ya no pasamos porque viven en nuestro teléfono u ordenador). Días que pasan como quien pasa la noche: inconsciente.

Llevo unos días con una sensación extraña, de cambio de ciclo, de vejez prematura, de cambios corporales y de pérdida de motivación en muchas cosas. Supongo que la astenia primaveral tiene mucho que ver, o simplemente que el tiempo empieza a pasar más deprisa cuanto más cerca está del agujero negro de la muerte.

Pero aquí estoy. No he llegado a casi ningún sitio aún, pero visto lo visto, no hubiera podido estar en esta situación sin transitar por cada uno de los millones de segundos que he vivido consciente o inconscientemente.

Vivir es repetirse. VIVIR es tratar de no hacerlo.





miércoles, 11 de abril de 2018

La inmensa inmensidad está hecha de una desconocida materia oscura que probablemente un día estuvo entre un átomo tuyo y otro mío. Como una colmena. Como un te quiero de los muchos que ya se perdieron en un océano de indiferencia... o los que tendrán que venir (cada vez menos); y es que unos cuantos átomos de mi cuerpo y mi aura, y los que he dejado esparcidos a lo largo de mi vida encima de las cosas, impregnando mil objetos y personas te orbitan, en fin, eso. Todo eso. A nivel cósmico: nada


A veces las cosas no salen como uno quiere, y otras salen como en realidad es uno. No sé, es como si todo fuera azar y uno sólo pudiera sortear lo que va viniendo a base de conocimiento y experiencia. Sólo eso: aguantar hasta que llega una ola y te subes en ella y te deja en un lugar distinto al que estabas.

Supongo que últimamente estoy más negativo que de costumbre, y eso ya es mucho decir, me aguantan un puñado de esperanzas, de proyectos a medio terminar, y la aventura americana. Hay quien dice que cada día es un nuevo comienzo, y puede que vivir en ese presente perfecto sea la mejor solución para sobrellevar primaveras como esta.

Estoy convencido de que algo bueno tiene que pasar que me lleve hasta ese otro lugar, esa ola que vengo persiguiendo desde hace tanto tiempo.

Me gustaría creer que alguien en alguna parte se enamorará de lo que estoy haciendo y le dará la visibilidad que necesita todo esto.

Espero haber elegido bien el camino.

lunes, 9 de abril de 2018

La verdad sobre las cosas



Últimamente me da por escribir por las mañanas. No sé el porqué ni creo que si lo acabara sabiendo me importara demasiado. A veces me cambia el ritmo vital y paso de un estado pasivo a uno activo, o viceversa. También me vuelvo nocturno durante semanas enteras y me arrastro el resto del día como consecuencia. O me da por leer durante un mes y no hago otra cosa y luego me da por no tocar un libro en años. Creo que, en el fondo, soy una persona inestable.

Hace ya tiempo que se me hace difícil seguir con todo esto. Cada día debo inventarme una razón para levantarme por las mañanas, llenarme la agenda de reuniones y la vida de objetivos a por los que ir, sin saber muy bien cómo llegar hasta ellos. Supongo que intuyo que mi existencia está cerca de acabar y me doy cuenta de que, en el fondo, desperdicié cada uno de los segundos de mi paso por la experiencia de estar vivo. Si miro hacia atrás no puedo contar ni un sólo instante de alegría que durara más allá de un suspiro. Divago por un presente infeliz aunque intente demostrar lo contrario, sin estridencias que lo hagan evidente, de solterón con gatos y comida artificial para microondas e intentos de dieta cada cierto tiempo, como si al otro lado de la báscula estuviera Camelot.

Decía Steve Jobs que si se levantaba durante unos días sin que se sintiera bien, lo analizaba y cambiaba lo que tenía que cambiar. Y de veras que me gustaría poder hacerlo, pero eso implicaría destruir cosas a mi alrededor. Toda la familia, por ejemplo.

Paradójicamente sostenerlo todo hace que yo esté en caída libre.

martes, 3 de abril de 2018

Y todo eso, plagado de casualidades...


Terry Benables llegó al FC Barcelona procedente del Queens Park Rangers a principios de los ochenta. Maradona había dejado el club ese mismo año camino de la gloria más alta y para el descenso más rápido que se recuerda. Nunca ganó una copa de Europa, pero sí un Mundial de selecciones. Terry Benables perdió la final de la copa de Europa dos años después, en una final en la que sólo se marcaron goles en la tanda de penalties.

Un año antes de aquella final, el FC Barcelona había ganado la primera liga en once años y yo, que entonces tenía catorce años y empezaba a salir los fines de semana con mi grupo de amigos, salí a celebrarlo a las Ramblas de mi ciudad, junto con mi hermana mayor y el que más tarde fue su marido.

Cuando acabó la final con empate a cero y fueron a la tanda de penalties, yo estaba convencido de que la ganarían, entre otras cosas, porque el FC Barcelona había pasado a la final eliminando al Göteborg también ganando así. Nuestro portero era un auténtico para-penalties.

Pero no. Aquel año perdimos de una forma cruel y aleccionadora. Siempre he pensado que aquella derrota fue la semilla de lo que es hoy. Aquello hizo reaccionar a todo el mundo y se creó una estructura diseñada para que eso no ocurriera nunca más. Se creó un organigrama idéntico al del modelo que triunfaría sólo unos años más tarde, el del Ajax, y se contrató a su entrenador: Johann Cruyff, que ya había jugado en el Barcelona anteriormente.

Siempre que escucho el éxito de alguien o de alguna empresa, siempre miro hacia atrás para ver en qué momento las cosas cambiaron, qué hizo qué y cómo para cambiar una dinámica perdedora y transformarla en una de éxito.

En todas ellas, hay una derrota clamorosa e inesperada y un cambio de modelo. En todas hay una planificación a largo plazo y un deseo más grande que todo lo que hasta entonces se había planteado el responsable de lo que sea, un país, una institución, un pueblo, o la propia vida de uno. Y siempre nace de enfrentarse cara a cara con esa derrota, mirarla a los ojos y tratar de comprender qué hacen los que sí triunfan, pero sobre todo, qué han hecho para llegar hasta ahí.

A veces, uno no está dispuesto a pagar el precio de todo eso. O se da cuenta que el triunfo es, en realidad, un eufemismo para hablar de la felicidad o de la tranquilidad. Conquistar la vida que uno tiene alrededor también lo es. Hacer del presente el propio presente es difícil también cuando hay tantas cosas que le distraen a uno, que está hechas para distraerle a uno.

Aquel año, le iba a pedir salir a una niña de mi clase, pero enseguida alguien de su entorno, previendo mis intenciones, me advirtió que fracasaría. Así que ni lo intenté. Supongo que sucedieron más cosas aquellos días de mayo y junio de mil novecientos ochenta y seis.

Dos meses más tarde de que el Barcelona perdiera la final de la Copa de Europa, Maradona, al que habían vendido dos años antes al Nápoles, ganó el Mundial de Selecciones siendo el mejor jugador del torneo y jugando como nunca antes había jugado nadie. Parecería que fue una mala decisión haberse desprendido de él.

Pero siempre pensé que con Maradona, el Barcelona nunca hubiera sido lo que es hoy. Puede que hubiera ganado aquella copa de Europa, que perdió, pero también puede que no, y casi seguro no se hubiera buscado ese modelo de hoy.

Puede que el Messi de hoy sea el Maradona que nunca se fue.

Quién sabe.

El caso es que, en realidad, las oportunidades perdidas siempre son mejores que la nunca intentadas; y que, en el fondo, uno se levanta cuando se cae porque está en movimiento hacia alguna parte. Y la voluntad de ir hacia esa alguna parte nos hace algo más que humanos. Me gustaría creer que no estamos sujetos a un plan divino y que somos nosotros los que nos labramos ese destino, no dejando nunca de intentar lo que tomamos como objetivo, pero no estoy muy seguro de ello.

Puede que, en realidad, sólo seamos células de un organismo superior que tiene otra voluntad superior que no podemos ni imaginar.

En cualquier caso, sólo el tiempo nos pone a cada uno en un lugar, lo hayamos deseado o no. Y puede también, que en realidad todo sea cuestión de suerte, de que el azar encare unas cuantas de decisiones acertadas unas detrás de otras, así, por casualidad.

Conocer a la persona adecuada en el instante apropiado.

Elegir a un colaborador o que te elijan.

Dar con la idea que encaje en la imaginación de los demás.

Ordenarlo todo dentro del caos, pero sabiendo que vivimos en ese caos.

Que somos un maldito algoritmo que gobierna lo ingobernable.

Sabiendo que respiramos porque nuestra biología lo hace inevitable, que seguimos vivos porque todo funciona casi de forma automática dentro de nosotros.

Autómatas creados para algo que se le parece a la libertad sin serlo del todo.

Y todo eso plagado de casualidades...


sábado, 31 de marzo de 2018

Preguntándole al polvo


Me gustan las canciones de Love of Lesbian. Sobre todo porque tienen letra. Hace tiempo que no puedo leer y bueno, yo necesito historias para vivir; necesito que alguien me cuente un cuento antes de dormir. Vivir de sueños, soñar despierto. A veces las cosas sólo son soportables porque hay algo que nos distrae.

Anoche soñé con ella. No era un sueño demasiado intenso, escenas cotidianas de cuando hubiéramos podido vivir juntos. Me llegaban dos multas de importes astronómicos y yo pensaba que ese era el fin de todo lo bueno, o la continuación de todo lo malo, no sé.

Ella estaba tal y como la conocí, y bueno, supe que no habían pasado el tiempo, que los sueños son la segunda oportunidad que no se tiene nunca para decir esas palabras que lo arreglen todo o dejar de decir aquellas que lo estropearon sin remedio. Supongo que era la época en la que todo iba más o menos bien, cuando sentía que la quería mucho, que qué suerte habernos encontrado. Y por primera vez en mucho tiempo, anoche durante el sueño, sentí que era capaz de querer, y entonces supe que todos estos años no había podido hacerlo porque se me había olvidado cómo.

La decepción nos transforma, nos oscurece.

Me vi como en aquellos esos años; alguien diferente, más dulce y blando, menos fiero y enfadado con cualquier excusa. Y creo que al apreciar la diferencia entre ese que era y éste que soy me entristecí de nuevo porque pensé que sólo se vive una vida, que qué lástima perder todo ese tiempo por miedo.

Y me vi perdiendo el tiempo en relaciones de amor-fobia (el odio es sólo miedo) y dejando de querer a quien trataba de quererme, siendo una piedra que nadie es capaz de levantar.

Ni tan siquiera yo.

En el sueño pensé que volver era difícil porque uno nunca vuelve a ser el mismo, entre otras cosas porque ya no están las personas que te hacían sentir así.

Ya nunca estarán.

El destino juega siempre a dispersar.

Pero si alguna vez pude o supe, si alguna vez quise de verdad a alguien, si en este tránsito por este mundo fui mejor persona, ese ya no está aquí para contarlo.

Pero está otro que sí puede aprender que nunca es tarde.

Que hay una segunda oportunidad esperando en alguna parte.


martes, 27 de marzo de 2018

No, esta vez creo que NYC no



Llevo días intentando cerrar el viaje a Nueva York, pero las cosas se tuercen por momentos. Las agencias de Naciones Unidad no me reciben y pienso que pagar tanto por tan poco no es una buena opción. A veces hay que ir hacia atrás. Es una lástima, podría haber intentado presentarme en el New York Times y en Forbes con mi nuevo invento. Pero no sé. A veces hay que saber parar a tiempo. Eso que nunca he sabido hacer y que me lleva a cotas peligrosas de optimismo.

A los pesimistas siempre les va mejor... aunque ahora que lo pienso, decir eso es bastante pesimista y si fuera así debería admitir que me va mejor que si fuera optimista, lo que, a decir verdad, es bastante optimista. Me estoy liando.

Hoy me ha contactado por linkedin una chica llamada Yanni Wang, e inmediatamente me acordé de Kitty Wu, el personaje de El Palacio de la Luna de Paul Auster. Me gustó aquella novela tanto... pensé en Nueva York y en que no iría ni me hospedaría cerca de Central Park y bueno, no sé, creo que puse triste porque las cosas no salen tan rápido como yo quisiera y eso, en realidad, es por mi culpa, porque pierdo demasiado tiempo inventando y poco tratando de hacer que la gente compre mis inventos.

Creo que todo esto, en realidad, me llega demasiado mayor. No porque la edad no me permita rendir como antes, sino porque tengo la sensación de que, en el fondo, he llegado tarde a casi todo lo que importa. Y que, si ahora pudiera elegir, me costaría llegar a este punto sin negociar, al menos, unos años o meses de estabilidad durante estos últimos quince años.

Si miro hacia atrás puedo ver algo así como una línea discontínua de personas y proyectos que nunca llegaron a ninguna parte, que se esfumaron en el fragor de los días o sobre otros cuerpos más sólidos que el mío.

Reconozco que soy un tipo raro, y de eso sí me arrepiento, porque tuve la oportunidad de ser otro más social y abierto a la gente, pero elegí el camino de la soledad y la decepción como modus vivendi (o ellas me eligieron a mí, vaya usted a saber) y desde ese instante creo que no acabo de encarar bien las derrotas, y digo bien: encarar y no encajar, porque las veo venir y no me aparto, como cuando uno va a la playa y llega una ola demasiado grande y no tienes tiempo de salir del agua y sólo esperas que te golpee no demasiado fuerte.

Y sólo eso; a veces creo que me equivoqué en todo, para empezar: vivir en este cuerpo. No hay un sólo día que no piense en que ya es suficiente y que no sé cuánto más es necesario aguantar. Pero luego miro a mi alrededor y me doy cuenta que me he creado una red de responsabilidades para no tener la tentación de desfallecer, como esas carpas de circo que se mantienen por las cuerdas de los vientos que sujetan en equilibrio de fuerzas, todas sus caras, mientras se apoyan en un sólo mástil central.

Me estoy enrollando demasiado. A veces me leo y no me gusta. Pienso que describo un personaje mucho mejor de lo que soy, artificialmente con más moral, con mejores principios y decisiones más acertadas y llenas de sentido, cuando en realidad, voy de un lado a otro, persiguiendo sin perseguir lo más miserable, tratando de coger al destino por la pechera para exigirle un poco más de suerte, como el que pide dinero a alguien por la fuerza.

Pero eso no sé cómo expresarlo. Me gustaría poder hacerlo, pero no sé.


viernes, 16 de marzo de 2018

¿New York?



A veces creo que las cosas van a ir bien y otras creo que no hay salida.

Siempre hay una salida, me digo.

Pero sé que no la hay.

El lunes y el martes me vuelvo a enfrentar a hablar en público. El mismo sudor y el mismo temblor en la voz y en las manos. El pánico escénico y la misma pregunta "¿Qué hago yo aqui?" y la misma respuesta "por alguien que no está".

Me hubiera gustado que todo esto no fuera a cara o cruz, pero empiezo a sospechar que en la vida todo es a cara o cruz.

Había colgado un vídeo de Cock Robin pero lo he borrado. The Velvet Undreground era mejor banda aunque vendiera su alma a Andy Warhol y su Factory al admitir a Nico en el grupo a cambio de visibilidad.

Todos hemos vendido al diablo una parte de nosotros alguna vez en la vida.

Todos hemos soñado con que alguien en concreto nos quiera.

Aunque ese amor nos destruya.

Aunque ese amor no exista.

domingo, 11 de marzo de 2018

Éramos dos puñados de átomos dando sentido a la materia, dos caminos que se cruzan sólo una vez en la vida, agua que beber, aire que respirar. El principio y el final, el amanecer y la oscuridad, la ficción y la realidad.



Al principio creía que era perder el tiempo y que, el día que me llegue el destino a trasladar mi alma a otra parte, echaría de menos cada segundo en el que no hice más por alcanzar los objetivos que me he autoimpuesto.

Pero dicen que, en realidad, uno echa de menos haber arriesgado más, haber dicho a tiempo lo que en realidad quería decir y hacer lo que realmente quería hacer. Supongo que eso es vivir la vida toda, y no a medias como probablemente hacemos casi todos.

Creo que si pudiera volver hacia atrás cambiaría pocas decisiones, pero sí que hubiera insistido en hacer y decir cosas a personas que me importan, o me hubiese gustado que me importaran más de lo que lo han hecho.

Ayer cumplí años y tenía ganas de ir al concierto de La Bien Querida y Joan Miquel Oliver en la sala Salamandra... pero fui a ver a mi sobrinos y a mi hermana. Últimamente estoy teniendo más conexión con mi sobrino. Imagino que tarde o temprano las generaciones con más energía van desplazando a las caducas y, empiezo a notar cierta falta de recuperación tanto física como mental. Antes me cansaba de estar cansado. Ahora asumo que siempre va a ser así, hasta que decida cambiar las cosas y darme un respiro. En los últimos meses varios fondos de inversión han querido entrar en la empresa, incluso ahora que aún no tiene ventas recurrentes, sólo patentes; y me he planteado seriamente en dejar que eso ocurra y empezar a contratar a otros que tomen esa responsabilidad por mí. Algo que también me han ofrecido.

Pero siempre acabo por ir un poquito más allá, me gusta acabar lo emprezado. Mi plan era hacer yo solo esta parte del camino y dejarlo todo tal y como quiero. Pero me voy haciendo mayor y a veces tengo la sensación de que en cada cosa que no he hecho, en cada cosa que no he dicho, se me ha ido la verdadera vida. Esa que de la que uno se arrepiente de no haber vivido.

Aunque también pienso que si todo sale bien, seré uno entre un millón de esos de los que cambian el destino de miles de personas.

Y de eso si que me hubiera arrepentido, no haberlo intentado.

Sigo.

Seguiré hasta que el alma aguante. No tengo derecho a quejarme sabiendo como y a quién puede ayudar todo esto.



Cada día se me hace más difícil renunciar a esa otra vida que pude haber tenido y que no quise tener. O no supe.

jueves, 8 de marzo de 2018

El silencio habitado (un beso de esos)


Mi vida es un sucio caos. Un cuarto trastero donde las buenas intenciones conviven con el fracaso y la esperanza de algo mejor, de que siempre existe la posibilidad de que un giro inesperado de los acontecimientos abra todas las puertas que han estado siempre cerradas.

Esta entrada era completamente distinta. Supongo que borrar y reescribir es sólo otra forma más de entender la vida. Y yo soy así, siempre abriendo caminos nuevos, dejando atrás lo que no me llena, buscando aquello que realmente valga la pena. Siendo fiel a quien me es fiel, llevando hasta el límite mi fe en el ser humano.

O al menos me digo eso a mí mismo cuando todo afuera me dice que "quizá sí", sólo "quizá sí"...

No sé hacia dónde acabaré yendo y si llegaré a buen puerto cuando esto funcione.

Sólo sé que me temo que tendré que buscar en otros labios ese beso que era nuestro, que estaba ahí para llevarnos en volandas a una bonita vejez, rodeados de libros y perros, perdidos el uno del otro, volviendo a casa para reconciliarnos con las luciérnagas que revolotean en mi estómago cuando sé que aún existes en algún lugar al que no llegan las arañas.

Sé también que un día la vida se me perderá y no tendré más remedio que formar parte de ese olvido al que somos tan propensos. Me pregunto si alguien más, a parte de mi familia, me recordará y con qué intensidad. No es que me importe, sólo es curiosidad.

Me gusta aquella frase (se la oí a Steve Jobs pero debe de ser de otro) que dice que si vives cada día como si fuera el último, un día estarás en lo cierto. Y últimamente pienso en eso y en lo contrario... que si no disfrutas de la vida, un día será demasiado tarde.

Como siempre me estoy enrollando demasiado

lunes, 5 de marzo de 2018

¿Qué nos deparará el futuro?

Hace un año

No tengo muchas ganas de hablar. El Mobile World Congress fue una fastidio. Le digo a todo el mundo que fue maravilloso y que todos estaba encantado de mi proyecto y que querían invertir en él y... pero me cansé un montón, iba de un lado para otro, yo creo que en centro de vigilancia de cámaras de la feria decían "mira, ya está ese tipo otra vez aquí dando vueltas. No le quites el ojo de encima". Pero básicamente iba despistado y me ponía a hablar con cualquiera y me daba igual todo. No soporto el exceso y en la feria había mucho traje de más de doscientos euros y mucho lujo y mucho pavellón exclusivo.

En el fondo son directivos de escuelas de negocio, si no exisitieran los teléfonos móviles montarían una feria de otra cosa y harían lo mismo pero sobre esa otra cosa. No creo que ninguno de ellos le dé valor a lo que realmente merecen la pena. Igual simplifico, pero creo que el mundo se va por el desagüe cuando se gasta tantísimo dinero en algo tan supérfluo. Ya está, ya lo he dicho.

Me fui a visitar pavellones pequeños, estuve hablando con un señor mayor que hace enchufes. Su hija me miraba como diciendo, "papá, éste es un muerto de hambre, estás perdiendo el tiempo", pero el hombre fue muy amable y aprendí bastante de él. Luego me lo encontré por el pasillo y me saludó, lo que me dio a entender que en realidad los chinos no nos ven a los occidentales como todos iguales, algo de lo que no estaba seguro.

Luego estuve hablando con la técnica de la generalitat que me metió en la feria a precio de vagabundo y le estuve hablando un buen rato hasta que me di cuenta de que no me estaba escuchando, así que le dije cuatro idioteces para comprobar si realmente me estaba escuchando y no, no lo estaba.

Conocí gente interesante, un sueco llamado Pontus y un chino americano de nombre impronunciable que va a hacer un negociazo muy pronto y dos ugandeses que eran más espabilados que diez occidentales juntos y una maltesa con apellido polaco, y una italiana con apellido italiano, y un señor de Naciones Unidas y poco más.

El viernes me entrevisté con el delegado de la Generalitat en Silicon Valley. Es más espabilado que diez de los ugandeses que conocí en la feria juntos. Siempre me da buenos consejos, pero en realidad, es de los que piesan que soy un desastre y que la Generalitat nunca recuperará lo poco que ha invertido en mí. Pero se equivoca.

Sé que se equivoca.

Últimamente tengo miedo a morirme de repente. No sé. Creo que es influenciado por las noticias, pero empiezo a pensar que tengo que cuidar mi salud mucho más de lo que lo hago.

No me gustaría dejar este mundo sin mi proyecto acabado.

Espero vivir aún muchos años.

Pero no descarto que, con lo desastre que soy, lo deje todo a medio hacer.